martes, 17 de mayo de 2011

Nimm



- Niña ¿Por que lloras?
Una mujer de mediana edad se había arrodillado junto a mi y me observaba, parecía francamente preocupada. No fui capaz de contestarla ¿Que iba a decir? ¿Por donde podía empezar? Aparté la vista y seque mis lagrima con el dorso de la mano, en un intento absurdo por calmarme.
- Vamos, ven, hace un día precioso no te quedes ahí tirada
Tomó mi mano entre las  suyas, eran ásperas, fuertes, manos de campesina. Me sentí extrañamente reconfortada de pronto, segura. Me puse en pie con dificultad y la observé,  me basto un simple vistazo para admirar profundamente a aquella mujer y confiar plenamente en ella aun sin conocerla de nada. Su rostro, ligeramente arrugado por los años seguía siendo hermoso, sus ojos claros, fijos en los mios, no transmitían sino bondad, y quizá fuera eso lo que me impulsó a abrazarla, tal vez fuera por el modo en que me mirada, o por su media sonrisa, pero de pronto, me di cuenta que no podría encontrar aunque quisiera lugar mejor donde estar en aquel momento que allí metida, entre sus brazos. Me sostuvo con cuidado, casi me atrevería a decir con cariño tratando de tranquilizarme, no parecía tener ninguna prisa por soltarme, y yo por una vez en mi vida, me dejé ayudar, porque no me quedaban fuerzas para seguir.
- ¿Sabes? Ese vestido que llevas esta hecho un desastre, antes que nada deberíamos buscarte otra cosa que ponerte
Me sorprendió que no indagara sobre los motivos de mi desgracia pero lo agradecí en silencio forzando una ligera sonrisa y dejándome conducir por el sendero hasta el pueblo y de allí hasta su casa. Aquel lugar era tal y como pude haberme imaginado que sería, una vivienda humilde y acogedora, cerca de la plaza. Me hizo sentar en uno de los sillones de la salita y sin dejar de sonreír se marchó a preparar algo de comer. Me sorprendió la cantidad de libros que tenía, tantos que ni siquiera le cabían en las estanterías y yacían por el suelo, en pequeños montoncitos, resultaba curioso que una mujer de su edad y posición supiera leer por lo que inmediatamente pensé que estaría casada. No fuí capaz, sin embargo, de encontrar en aquella estancia ni una sola cosa que pudiera pertenecer a un hombre y eso me hizo admirar aún más a aquella extraña mujer que sin conocerme de nada había decidido ayudarme. Era una habitación pequeña, una chimenea, un par de sillones y una mesita de madera ademas de los estantes y los libros, lo cierto es que me hubiera encantado poder decir que aquel era mi hogar, aunque dada mi situación me hubiera bastado con tener un hogar, fuera cual fuera.
- El otro día compré un queso estupendo en el mercado y aún me queda algo de pan del almuerzo, has tenido suerte, normalmente no tengo gran cosa que ofrecer a los invitados.
- Muchas gracias, no tenía por que haberse molestado
- ¡Por Dios niña! No me trates de usted me hace parecer mas vieja de lo que soy, me llamo Dana  y así es como debes llamarme. ¿Y tu nombre es..?
No podía decirle mi nombre, seguramente hubiera sabido quien era... O al menos quien había sido. Estaba completamente bloqueada de pronto, no es que no conociera un montón de nombres humanos que hubiera podido utilizar, es que estaba cansada y me dolía la cabeza y no era capaz de pensar con claridad. Afortunadamente  Ana me saco del apuro, de nuevo.
- Bueno ¿Que te parece Violeta? Es un nombre que siempre me ha gustado ademas de ser mi flor preferida, y no conozco a nadie que se llame así es un nombre poco común, no conozco a nadie que lo pudiera llevar mejor que tu. De alguna manera tendré que llamarte.
- Sí, Violeta esta bien.
De nuevo me sorprendió que no indagase, el hecho de no querer dar mi nombre no era indicativo de nada bueno y sin embargo a ella no pareció importarle demasiado, mas bien parecía encantada con la idea de ponerme nombre. Depositó la bandeja con la comida sobre la mesita y comenzó a cortar el queso  y el pan. Una vez hubo terminado me tendió una rebanada de pan con una loncha de queso encima y se sentó en el sillón de al lado, observando como devoraba aquello. Hacía días que no probaba bocado y ni siquiera lo había notado, ahora, sin embargo, me había entrado el hambre de golpe.
- Madre mia que desastre de mujer soy, no te he traído agua ...
- No se preocupe, ya esta haciendo demasiado por mi
- Nada de terceras personas... Eso es para desconocidas, y después de ponerte un nombre me considero algo más que eso.
- Claro... Dana
- Así me gusta, ahora mismo vuelvo.
Volvió a la cocina dejándome sola de nuevo, yo no podía parar de engullir pan con queso y apenas me concedía tiempo a respirar con lo que me atraganté un par de veces, agradecí el agua cuando finalmente me la trajo. Me tendió el vaso y volvió a tomar asiento. Me lo bebí de un trago y seguí comiendo hasta terminar con todo lo que había, me sentí inmediatamente avergonzada.
- ¡ Cuanto lo siento ! No te he dejado comer nada
- No te preocupes, creo que te hacía mas falta que a mi. ¿Cuanto hacía que no comías?
- Un par de días...
- ¡ Por Dios! Eso es terrible, quizá debería traerte algo más...
Se puso en pie con la intención de regresar a la cocina pero lo cierto es que además de parecerme descortés , no hubiera podido comer ni una sola cosa más, había empezado a dolerme el estómago.
- No hace falta, de verdad, estoy llena, gracias de todos modos.
- Bueno como quieras dime ¿Cuantos años tienes?
¿Que cuantos años tenía? No lo sabía.... Pero a partir de ahora debería saberlo, era mortal, envejecería, moriría... Toda aquella información me vino de golpe y rompí a llorar de nuevo. Ana cogió mi mano cariñosamente.
- No te preocupes, no llores...
- La verdad... No se cuantos años tengo
Quizá fue un error decirle aquello, pero solo me salía ser sincera con ella, me parecía terriblemente injusto mentirle después de todo lo que estaba haciendo por mi, no podía saber quien había sido yo, pero al menos le diría la verdad dentro de mis posibilidades. De todos modos ya no importaba, no volvería a ser Nimm nunca más y ya no volvería a ser un hada, solo era Violeta, una mortal normal y corriente. Si quería empezar de cero, no lo haría sobre un montón de mentiras.
- ¡ Que suerte ! Ojalá no supiera yo la edad que tengo..
Por primera vez desde que perdí las alas sonreí, y no por agradarla, sonreí porque quise y porque me salió así, sin más. Sonreír sentaba bien, lo había olvidado.
- Vaya si sabes sonreir... Deberías probar a hacerlo mas a menudo. Dime Violeta ¿Que es lo que te ocurre?
- Yo... Me tuve que ir de Elrion. Allí no me quedaba nada.
- Así que ¿Eres de Elrion? Tiene sentido claro... esta ciudad esta pegada a la frontera y no me sonaba haberte visto por aquí, de haberlo hecho, creeme, recordaría un rostro tan peculiar como el tuyo. Yo nunca he estado en Elrion pero me han dicho que es precioso
- Lo es.
- ¿ Por que dices que no te quedaba nada allí ?
- Cometí muchos errores, me enamoré, me equivoque y bueno, me quedé sola, él se fue y yo... Tenía que salir de allí. Estoy  sola...
- Siento oír eso. Entiendo que quisieras irte, aquí donde me ves también yo tuve un gran amor que me salió mal... Ojalá hubiera sido tan valiente como tu y me hubiera atrevido a cruzar la frontera, lo cierto es que me quedé aquí y mi vida no ha sido muy interesante desde entonces, como podrás comprobar.
- Tengo tanto miedo...
- Lo se, pero el miedo pasará eres joven, y fuerte.
- No se si puedo hacerlo sin él
- Podrás porque él no esta aquí, y tu no vas a rendirte por eso.
- He estado a punto de hacerlo
- Ahora estás aquí y aquí te vas a quedar. No me viene nada mal algo de ayuda ¿Has visto todo este desorden? A cambio de que me limpies la casa y hagas la comida, te dejo vivir y comer aquí, que no es que sea gran cosa, pero es todo lo que puedo ofrecerte.
- No puedo aceptarlo, no merezco algo así.
- Todos cometemos errores, pero eso no nos define, un error no nos hace ser quienes somos, deja de torturarte niña, tienes mucho tiempo por delante para demostrar quien eres de verdad, y se que merece la pena acogerte en mi casa y tenderte mi mano, y yo nunca me equivoco.
- ¿Por que haces todo esto?
- A lo mejor porque yo también estoy sola
Estaba siendo sincera conmigo, lo leí en sus ojos, puede que ya no fuera un hada pero no había perdido la facultad de ver a través de la gente y aquella mujer me estaba hablando en serio. Me di cuenta que ella me necesitaba a mi de la misma manera que yo la necesitaba a ella. Y en mi corazón, deje de sentir que no tenía a nadie, y empecé a tener a Dana.

2 comentarios:

  1. ¡Que bonito! Me alegro de que haya un poco de luz al final del tunel. Todo irá bien :)

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  2. "Todos cometemos errores, pero eso no nos define, un error no nos hace ser quienes somos"

    Me gusta :) Leería mucho más, aunque a saber como lo has cambiado :P

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